4 cosas que sentí al tener una cesárea no planeada

Hace un par de semanas estuve hablando de mi trabajo, de qué es lo que hago y porqué lo hago. Sé que es una profesión que a veces va en contra de marea, que hay gente que no entiende la razón de porqué existen las doulas o porqué se buscan tener partos humanizados, incluso he escuchado comentarios de que existen porque las mujeres de hoy son “más exageradas”, que digámoslo así: me parece una exageración.

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Cuando me preparé para tener mi parto, entre a un curso psicoprofiláctico, hice un plan de parto junto con mi doula, conocí cómo funcionaba la pelvis y todos los huesos que la componen, la magia que —gracias a la oxitocina— ocurre durante el trabajo de parto. Aprendí qué es lo que tenía que hacer y cómo tenía que hacerlo. Básicamente me preparé para tener el parto de mis sueños, el parto que deseaba y que junto con mi esposo había planeado; la cosa fue que no realicé un plan B, plan C ni plan D, así que cuando mi parto terminó en una cesárea, fue muy decepcionante, triste y doloroso para mi.

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En sí, no porque haya sido una cesárea (de eso he hablado en posts anteriores), si no porque no había planeado que sucediera de ese modo, así que todas mis expectativas se fueron por el drenaje del agua de la tina del parto en agua que no pude tener.

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*Cabe resaltar que este post es completamente anecdótico y de acuerdo a mis experiencias y trabajo de doula post parto.

  • Frustración: Después de tener mi parto por cesárea, durante mucho tiempo sentí que no fui suficiente mujer  para lograr un parto vaginal, que falló mi naturaleza… Me tomó varios meses cambiar de parecer, de idea, de sentimientos y aceptar que mi cuerpo no falló, que sucedió lo que tuvo que suceder y que un parto abdominal no me hace menos fémina o menos madre. ¡La fuerza volvió a mi y me hice más fuerte!

 

  • Tristeza: Además de no haber logrado el parto que yo quería, después de 18 horas de trabajo de parto, estaba cansada, confundida y llena de tristeza, sentía que algo no había salido como debía, como si de pronto estuviera soñando y en cuanto despertara mi parto sucediera, y no fue así. Estuve envuelta en tristeza durante muchos días y hubo momentos de mucho dolor.

 

  • Juzgada: Acudí a un curso psicoprofiláctico, era de las que levantaba la mano y decía que no tenía miedo al parto y que no dudaba de mi capacidad porque mi cuerpo estaba hecho para parir, así que cuando nació mi hijo me sentí juzgada, yo misma me sentía culpable por haber ido por la vida diciendo que yo iba a tener un parto, con mucha seguridad. Además después me formé como doula y llegué a sentirme juzgada cuando me preguntaban por mi parto y la respuesta de cómo fue no era “un parto en agua, vertical, en el bosque sola, en casa, con parteras”. Cuando la respuesta era “fue una cesárea”, la cara de las personas cambiaba y también su percepción ante mi. Como si fuera el colmo de una doula fuera tener una cesárea…

 

  • Que mis sentimientos no eran válidos: Llegué a recibir muchísimos comentarios como “Agradece que tu bebé está sano, lo importante es que nació bien, ¿de qué te quejas si tienes a tu bebé contigo?”, al principio esos comentarios me hacían sentido pero me sentía muy culpable porque claro, tenía a mi bebé conmigo, porqué estaba tan triste, enojada, frustrada y confundida… Después me di cuenta que un sentimiento no anula el otro. Es decir, el que me sintiera tan mal por mi cesárea no eliminaba mi felicidad por tener a mi lado a mi hijo. Es válido tener estos sentimientos y una cosa no anula la otra. Es necesario vivir estos sentimientos, aceptarlos y después analizarnos, traspasar esas olas de fuertes emociones y sentimientos, para poco a poco comenzar a sanar.

Si tuviste una cesárea y tienes sentimientos parecidos a estos, escríbeme, no estás sola. <3

Links de interés: https://iboneolza.wordpress.com/2013/01/03/nacer-por-cesarea/ y http://facebook.com/florecerdesdelacicatriz

Foto Cesárea en Shutterstock

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