Ser mamá a veces sí es una joda

Ser mamá ha sido de las mejores cosas que me ha pasado, me siento plena, feliz, con un amor hacia mi hijo completamente indescriptible.

Es verdad eso de que no sabes lo que es el amor hacia un hijo hasta que lo tienes. Cada día me siento maravillada por todo lo que mi hijo aprende cada día. Siento como si cada día mi corazón se hiciera más y más grande. No encuentro las palabras para describir esos sentimientos

Y aún así, con todo el amor, con toda la felicidad, ser mamá a veces es una joda.

No solo por mi situación personal, mi día a día o lo que me ha tocado vivir.

Ser mamá es difícil.

Desde que nace tu bebé las cosas cambian completamente, el tiempo que tienes para ti es reducido a casi nada, tus hormonas te enfrascan a la rutina de bebé, su alimentación, los cuidados… vives rodeada de pañales, leche. Y aún así, tu cerebro reptiliano te hace pensar que falta algo, tu corazón te dice que aún debes cuidarte tú aunque tu oxitocina te diga que no, que bebé es lo único.

Afortunadamente la naturaleza hace lo suyo y tu bebé crece cada día, va necesitando nuevas cosas y sus necesidades cambian drásticamente. Pronto comenzará a comer alimentos y no solo leche, pronto decidirá que quiere sentarse, pronto obtendrá fuerza en sus piernas y brazos para gatear, caminar, correr, saltar, brincar y seguir descubriendo el mundo que los rodea.

La vida está llena de ciclos, pero los ciclos de mamá son muy de mamás. Aunque tengamos ayuda en casa la vida es muy rutinaria. Te levantas, lo cambias de ropa, haces el desayuno como puedas entreteniéndolo con un poco de tele o juguetes, desayunan, ahora los trastes, ya no pudiste lavarlos porque te pide que juegues con él. Se duerme, oh tienes tantas cosas que hacer en casa, limpiar, acomodar, sentarte a descansar por unos minutos, trabajar, hacer llamadas. Se despierta nuevamente. Oh, ya hay que preparar la comida, comer, recoger la comida del piso, limpiar otro poco más, volver a jugar o por lo menos estar presente por cualquier cosa, volver a limpiar, oh ya es hora de cenar, el baño, la siesta, por fin se acaba el día para él, pero para mamá comenzó el tercer turno, porque mínimo hay que dejar medio limpio, terminar pendientes porque si no mañana todo será más pesado. A dormir que ya es más de media noche y al acostarte se te va el sueño por pensar en todas las cosas que no hiciste, los pendientes, las preocupaciones, lo que hiciste bien, lo que hiciste mal, la culpa, el dolor, el si hubiera, el mejor lo haré diferente y mil cosas más.

Y así es el día a día de muchas madres, algunas cosas cambian por ejemplo si trabajas fuera de casa o si tienes alguien que te ayude en casa. Y es que la verdad ser mamá a veces sí es una joda, pero no por el hecho de ser mamá, si no por todo lo que lo rodea, si no por el momento que nos ha tocado vivir, si no por las exigencias de la sociedad.

Antes vivíamos en tribu, nos ayudaban las tías, abuelitas, mamás, vecinas, amigas, primas. Hoy, apenas y nos da tiempo de ver a nuestras amigas una vez a la semana, muchas vivimos lejos de nuestra familia. Muchas tienen que trabajar todo el día para darles una vida a sus hijos, muchas se hacen hora y media a sus trabajos y otra hora y media de regreso tan solo para ver a los niños una hora antes de la hora de dormir. A muchos niños los crían sus abuelas porque es lo que nos tocó vivir.

Díganme si eso no es una joda. 

Y yo soy tan feliz de ser madre, pero así como soy feliz hay días donde ruego por tener tregua, por descansar, por tan solo unas horas no escuchar llantos de bebés ni balbuceos, porque la vida misma nos pide un tiempo fuera. Y a veces es imposible.

Vivimos en una época (una maravillosa por cierto) donde tenemos un acceso increíble a la información, donde nos estamos uniendo para aumentar los índices de lactancia, donde estamos fomentando y logrando más partos humanizados y respetados, donde nos hemos dado cuenta que los golpes no ayudan y en realidad afectan a los niños, donde entre todas buscamos empoderarnos como mujeres y como madres, donde hablamos de la primera infancia y lo importante es que mamá esté a su lado el mayor tiempo posible.

¿Y qué pasa en esta época, donde sabemos lo importante que es estar con ellos y aún así a veces queremos no estarlo?

¿Y qué pasa cuando se tiene depresión post parto y no queremos estar cerca de ellos?

¿Y qué pasa cuando no tenemos ayuda en casa y cada día terminamos llorando por no poder más?

¿Y que pasa cuando tu casa dura limpia 15 minutos y eso te hace sentir terrible?

¿Y qué pasa cuando la gente te dice que el que se cansa es el papá porque él sale a trabajar?

¿Y qué pasa cuando tienes que salir a trabajar afuera de casa y te dicen que no tienes que estar todo el día con tu bebé y eso te hace estar menos cansada?

¿Y qué pasa cuando te das cuenta que ser madre a veces sí es una joda pero no debes de decirlo porque ser mamá es una elección y debes estar feliz por ello y disfrutarlo?

Es válido sentir que es una joda.

Pero también es válido y necesario buscar ayuda, saber de donde viene ese sentimiento y no quedarse nada más con él, porque ser mamá es maravilloso pero también es válido a veces sentir que nos rebasa, porque somos humanos, somos mujeres y tenemos emociones.

Lo más importante es que si sentimos que nos rebasa, levantar la mano, pedir ayuda y tratar de que esos momentos sean más ligeros y si estamos del otro lado, si sentimos que ufff, la maternidad es lo más bonito por siempre, disfrutarlo y no juzgar a las que no lo sienten así, por algo están en ese punto y lo mejor que podemos hacer es tenderles la mano y apoyarlas, empatizar con ellas y ayudarlas.

Porque con amor todo es mejor. #MásAmorMásAmor

Foto Mamá estresada en Shutterstock

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